馃巵EL REGALO

La habitaci贸n estaba llena de basura y El铆as crey贸 que, por ese motivo, hab铆a espirales de moscas que volaban a su alrededor. Nunca hab铆a visto tantas, una nube compacta que produc铆a un zumbido org谩nico y bajo, siniestro por el solo hecho de ser invisible. Las apart贸 con las manos y se abri贸 camino entre las bolsas abiertas de basura, los muebles rotos y retorcidos por la humedad hasta el centro de la habitaci贸n. Un insecto le golpe贸 la mejilla y le hizo soltar un jadeo de miedo. Se limpi贸 la piel con un movimiento r谩pido y convulsivo. La piel caliente y 谩spera bajo los dedos. 

驴Cre铆a en lo que estaba a punto de hacer? Sin duda que no, pero la desesperaci贸n era mayor que la incredulidad. Lo pens贸 cuando intent贸 limpiar a manotones el suelo de madera, quemado y sucio. La casa hab铆a sido esplendorosa sesenta a帽os atr谩s y hab铆a sido una de las primeras en Caracas, en tener el lujo de pisos machihembrado. Ahora, solo una sustancia seca y cubierta de agujeros de suciedad, abierta en las esquinas y rota por la humedad. Una especie de recuerdo retorcido de lo que hab铆a sido un s铆mbolo de una ciudad pr贸spera que ya nadie recordaba en realidad.

Una rata gorda y de ojillos brillantes corri贸 hacia la oscuridad cuando El铆as movi贸 a un lado un mueble roto. Tambi茅n brotaron cucarachas, escarabajos y polillas blancas que aleteaban cerca de su rostro. Una especie de oleada de vida infecta, que cubr铆a las paredes que chorreaban suciedad. Las moscas se elevaron m谩s arriba y rozaron el techo que se ca铆a a pedazos. El铆as se cubri贸 la boca y la nariz con la manga de la camisa y trat贸 de respirar a trav茅s de la tela mientras tomaba el valor para lo que hab铆a venido. Era simple 驴no? Solo es una mierda supersticiosa, el 煤nico recurso del loco. Lo pens贸 cuando Julian se lo cont贸 en voz baja de borracho y le puso en las manos las hojas. 鈥淰a a servir si crees que va a servir鈥 hab铆a dicho el viejo, los ojos redondos, la boca floja por el alcohol. 鈥淎dem谩s chico, 驴qu茅 pierdes?鈥

Todo ten铆a un lustre on铆rico, como el de una pesadilla muy larga. 驴Eso hab铆a ocurrido cuando? 驴seis, siete d铆as atr谩s? Una semana, claro. Casi el veinticuatro de diciembre. Cuando pap谩 enferm贸 de COVID y tuvo que vender los 煤ltimos restos del naufragio familiar para pagarle las medicinas. Todo, mientras la ciudad se volv铆a aparatosa, con sus decoraciones navide帽as pasadas de moda y su riqueza vulgar en todas partes. El puto hospital no ten铆a ni s谩banas, el viejo se mor铆a en una cama pelada, con los ojos abiertos. Luchaba por respirar, le aferraba la mano. El铆as llor贸 con la mano de su padre entre las suyas, sin saber si su cordura soportar铆a otra muerte. Su madre agoniz贸 por mes y medio antes de ahogarse con los pulmones destrozados, sin despertar ni una sola vez. El铆as la recordaba, flaca, cada vez m谩s peque帽a, las manos retorcidas sobre la cama. El respirador muy grande para su boca, como un instrumento de tortura grotesco y moderno.

No voy a volver a pasar por eso, le dijo a Juli谩n. No creo que pueda, adem谩s. La enorme figura de su amigo m谩s querido, se movi贸 la semi penumbra del pasillo del hospital. A El铆as le sorprendi贸 verle ah铆. Desde que se hab铆a vuelto un tipo de plata, apenas recordaba al resto de los viejos amigos de la Universidad, al grupo de muchachos que hab铆an crecido juntos y que al final, se hab铆a disuelto hasta convertirse en extra帽os. No era raro que pasara algo as铆 en Venezuela. La mitad de la promoci贸n emigr贸, la otra ten铆a que soportar al pa铆s. Pero Juli谩n se volvi贸 un potentado, la cr贸nica discreta de aceptar las condiciones de las cabezas visibles de la dictadura. El铆as sab铆a que Juli谩n solo hab铆a hecho lo que cualquiera en su lugar: aprovechar la oportunidad. No se lo reprochaba. 

Pero no esperaba verle llegar, enorme y paquid茅rmico. Los ojos hundidos en la cara gorda y rozagante. La camiseta que apenas pod铆a cubrir el vientre redondo y prominente. Ten铆a una cadena de oro en el cuello. Las manos con anillos. Zapatos caros. Nuevo rico, habr铆a dicho la madre de El铆as. Pero la madre de El铆as estaba muerta y ya no dec铆a nada. Juli谩n, en cambio, estaba sentado en la silla de pl谩stico del hospital y le miraba con los ojos entrecerrados, convertidos en rendijas brillantes. 

鈥娾斺奙ira, te prestar铆a la plata y pagar铆a todo esto 鈥︹ empez贸 Juli谩n.
鈥娾斺奛o hace falta鈥娾斺奷ijo El铆as y se esforz贸 por parecer convincente鈥娾斺奺n serio, gracias por venir. 
鈥娾斺奃茅jame hablar鈥娾斺妉e cort贸 Juli谩n鈥娾斺妕e pagar铆a todo esto, me llevar铆a al viejo a una cl铆nica. Pero creo que puedo hacer algo mejor por ti. 

Le puso un cuaderno en las manos. Uno simple, con la cubierta de cart贸n rota. Dentro, hab铆a hojas de un material fuerte y r铆gido. 驴Pergamino? se extra帽贸 El铆as. Sac贸 una. Estaban cubiertas de s铆mbolos, palabras y dibujos. 鈥淰en, que te llamo鈥 ley贸 casi por accidente El铆as, en la parte inferior. Tuvo un escalofr铆o.

鈥娾斺娐縌u茅 es esto?
鈥娾斺奓o que me hizo salir de la pobreza. 

En el pasillo del hospital, esa confesi贸n pod铆a significar cualquier cosa. En especial, en medio de la soledad de ese diciembre cristalino, hostil, en medio de la zozobra de tocar fondo. Para El铆as, no era solo la enfermedad de su padre, la pobreza, el miedo. Era la ca铆da a los infiernos, tumultuosa y gris. Las 煤ltimas semanas del a帽o, convertidas en un suplicio que le rasgaba la piel con heridas invisibles, un mapa de cicatrices de pura verg眉enza que escond铆a como mejor pod铆a. El olor a desinfectante barato flotaba en el aire y hab铆a una luz tenue, que hac铆a brillar al piso de pl谩stico como si estuviera h煤medo. Pero no lo estaba. El铆as sab铆a que no hab铆a nadie para limpiar nada y que el hedor, proven铆a de los productos qu铆micos que los familiares de los pacientes tra铆an para limpiar las habitaciones de sus enfermos. Los hab铆a visto. Un h谩bito triste, retorcido. Recordaba que la primera noche en que se qued贸 en pap谩, vio a una mujer gorda y cansada, limpiar el pasillo a coletazos. Lloraba por la herida de bala del hijo en la habitaci贸n. 

鈥娾斺娐縌u茅 mierdas es esta?鈥娾斺奷ijo El铆as y trat贸 de devolver el cuaderno a Juli谩n. 
鈥娾斺奛o me des eso, ya es tuyo鈥娾斺奐uli谩n levant贸 las manos鈥娾斺奣e lo estoy dando. Es una vaina que te va a ayudar. Tu hazlo. T贸malo como un regalo de navidad.
鈥娾斺娐縏煤 me est谩s hablando de brujer铆a?鈥娾斺奷ijo El铆as y solt贸 una risa amarga鈥娾斺妌o me jodas, chico. No vengas a joderme hoy.

Abri贸 el cuaderno. Otra p谩gina. El diagrama de algo parecido a un c铆rculo, que rodeaba dos tri谩ngulos. Todos los m谩rgenes de la p谩gina estaban cubiertos de palabras, de indicaciones. Sacudi贸 la cabeza y mir贸 a Juli谩n, irritado. Llevaba cinco d铆as sin dormir, no com铆a desde ayer.

鈥娾斺娐縑iniste de verdad a darme brujer铆a para ganar plata?
鈥娾斺奅l铆as, esto fue lo que me sac贸 de la pobreza鈥娾斺妑epiti贸 Juli谩n鈥娾斺奅sto. Me lo dieron cuando mi hermana sufri贸 el accidente y casi se muere 驴te acuerdas?

Lo recordaba, apenas. Un comentario de su madre. Leti, casi se muere en un accidente de la autopista a medianoche, le cont贸. 驴Y qu茅 pas贸? Nada, se salv贸 de milagro. La vi el otro d铆a. M谩s sana que nunca. 

El铆as parpade贸. A su lado, Juli谩n le miraba con la cabeza un poco inclinada. La boca apretada. El pecho enorme que respiraba con dificultad. Impaciencia, pens贸 El铆as y no supo por qu茅, eso le pareci贸 repulsivo. Pas贸 con un dedo las p谩ginas y se ech贸 a re铆r en voz baja. 

鈥娾斺奅ntonces t煤 fuiste e hiciste una macumba鈥娾斺妔e burl贸 de Juli谩n.
鈥娾斺娐縔 si te digo que s铆?鈥娾斺奷ijo Juli谩n en voz muy baja鈥娾斺娐縔 si te digo que me dieron esa vaina y estaba tan desesperado que lo hice? 驴La gente no va a la Iglesia, pues? 驴La gente no va a rezar? Yo rec茅 a otra cosa. 
鈥娾斺娐緼l diablo?鈥娾斺奷ijo El铆as con una risotada. 

Pero Juli谩n ahora le miraba serio. Los ojos hundidos en la carne con una expresi贸n 谩vida. Se inclin贸 un poco y El铆as not贸 su aliento. Algo entre cerveza, grasa y algo m谩s tibio, desagradable. Not贸 que la piel del hombre estaba ruborizada y pens贸 que deb铆a estar caliente, como quien toma demasiado sol. Hab铆a algo obsceno en eso, pens贸, aunque no supo por qu茅. Ahora Juli谩n sonre铆a. Los dientes peque帽os, blancos. La boca rosada y de labios hinchados. 

鈥娾斺奛o, al diablo no鈥娾斺奷ijo en voz baja鈥娾斺奵hico, 驴t煤 crees que esas vainas de viejas rezanderas? Hay cosas m谩s viejas que responden. 

Hab铆a un zumbido lento en alguna parte. Como una persiana rota que rozaba una pared, una radio descompuesta. La vibraci贸n seca de un tel茅fono celular. No era eso, susurr贸 una voz en su mente, alarmada. Moscas, pens贸 El铆as. No una, muchas. Pero se escuchaba desde lejos, al final del pasillo. Parpade贸. Se ech贸 para atr谩s de un salto. Juli谩n se hab铆a puesto de pie. Las manos en los bolsillos de las bermudas, las pulseras de gruesos eslabones de oro que brillaban.

鈥娾斺奡i de verdad no quieres saber nada de eso, me lo das y listo鈥娾斺奷ec铆a ahora鈥娾斺妝 ya, El铆as. Tu pap谩 se morir谩 aqu铆. 驴No llevas m谩scara? 驴No te da miedo que el pr贸ximo con COVID seas t煤? 

El铆as se qued贸 sin saber qu茅 decir. Llevaba la m谩scara en el bolsillo, no pensaba en contagiarse sino en鈥 驴qu茅? No importaba, Juli谩n tampoco la llevaba, pero en su caso, no era por descuido. Y El铆as tuvo una idea n铆tida, singular y sin sentido que le sobresalt贸. Juli谩n sab铆a que no se iba a contagiar. Estaba all铆 驴no? en ese hospital pobre, al que nunca habr铆a ido un tipo famoso ya por su fiestas escandalosas y opulentas, acusados por todo tipo de voces de ser un testaferro del gobierno. Pero nadie pod铆a demostrar nada. Nadie鈥 驴Qu茅, El铆as? 驴Nadie qu茅?

鈥娾斺奃谩melo, pues, si no te interesa鈥娾斺妉e dijo Juli谩n y extendi贸 la mano gorda鈥娾斺奩o s贸lo te quer铆a ayudar.

El zumbido de moscas鈥娾斺奺ran moscas 驴verdad?鈥娾斺妔e hizo m谩s fuerte. Deb铆an ser una docena, m谩s. Y El铆as imagin贸 la nube que volaba en el techo de alguna habitaci贸n. La de tu padre, El铆as. La de tu padre. Tu viejo, va a morir y lo 煤ltimo que ver谩 ser谩 la las moscas, revoloteando en su cara, peg谩ndose en las sienes blancas. Tuvo una imagen clara de una mosca gorda, tornasolada, en la nariz de su padre, en la boca. Jade贸. 

Juli谩n segu铆a de pie junto a 茅l, con la mano extendida. El铆as dobl贸 el cuaderno y lo apret贸 con fuerza. Sacudi贸 la cabeza. 

鈥娾斺奛ada cuesta probar鈥娾斺妋urmur贸. 
鈥娾斺奛ada, la verdad鈥娾斺奐uli谩n sonri贸, triunfal鈥娾斺妕煤 haz tu prueba鈥 me cuentas. 

Lo vio desaparecer por el pasillo, enorme, colosal. De muchacho hab铆a sido delgado, esbelto, casi fr谩gil. Ahora era una figura compacta, que se bamboleaba al caminar. Los brazos gordos. Las manos enormes. Los anillos brillaban, el tel茅fono celular de 煤ltima generaci贸n lucia peque帽o entre los dedos gruesos. Riqueza f谩cil, pens贸 El铆as y sinti贸 que despertaba de un sue帽o. F谩cil. Simple. Riqueza de los vivos. 

2

El铆as escogi贸 la casa abandonada que ve铆a de ni帽o por una raz贸n est煤pida: le ten铆a miedo. Hab铆a le铆do el ritual鈥娾斺妏orque eso era lo que Juli谩n le hab铆a dado鈥娾斺妝 de inmediato imagin贸 la vieja mansi贸n. Era una casona enorme, que hab铆a pertenecido a un viejo alem谩n que hab铆a muerto a帽os atr谩s sin herederos. O eso le hab铆a dicho su madre. El铆as no sab铆a si eso era cierto, pero si ten铆a un recuerdo muy viejo. La casa con las luces encendidas, que parec铆a flotar en la oscuridad en la calle. 

鈥娾斺娐縌ui茅n vive all铆?鈥娾斺妏regunt贸 una vez a su padre. 
鈥娾斺奤n vigilante para que no la invadan鈥娾斺奺xplic贸 distra铆do. 

Pero en realidad, en la casa no hab铆a nadie. Mucho menos, al final del a帽o viejo, con los fuegos artificiales retumbando desde el mediod铆a, los borrachos riendo a carcajada en los patios de las mansiones renovadas por la nueva riqueza criolla.  La tarde del 煤ltimo d铆a del a帽o ca铆a lenta. El铆as hab铆a preguntado a vecinos, amigos y al final, se hab铆a pasado una tarde entera en la acera, para esperar que llegara el vigilante, el tipo que pasaba por la hierba salvaje del jard铆n y cuidaba una casa a la que nadie le importaba. Pero nunca vio a nadie. A pesar de eso, cada noche, las luces del 煤ltimo piso estaban encendidas. Eso pod铆a tener muchas explicaciones y El铆as lo sab铆a, pero a veces, se asomaba solo para ver las luces, blancas y claras, irradiar en 谩ngulos extra帽os por las ventanas rotas. 驴Mendigos? 驴un bombillo que siempre estaba encendido? El铆as no lo sab铆a y a nadie m谩s le importaba. Pero le daba miedo. Una sensaci贸n de acecho que jam谩s olvid贸. 

Detuvo el autom贸vil frente a la reja oxidada. Era la 煤ltima hora del d铆a y la propiedad ten铆a un aire triste, devastado por a帽os de olvido. Hab铆a sido hermosa, con su fachada amplia y su jard铆n exterior redondo, pero luego de cuarenta a帽os de descuido era solo un caparaz贸n vac铆o. Nadie la hab铆a comprado, nadie la hab铆a reclamado. El abandono la hundi贸 en una ci茅naga verde y gris. El铆as siempre se preguntaba por qu茅 ninguno de los nuevos millonarios del d贸lar del gobierno, no se apropiaban de la casa. La echaban abajo. Constru铆an una de sus enormes mansiones de cristal y de hormig贸n, con los enormes ventanales en las que las mujeres tomaban el sol desnudas.

Pero la casa de la esquina segu铆a solo ah铆, como un desaf铆o a la riqueza corrupta de un pa铆s en desgracia. Ten铆a su gracia, pens贸 El铆as cuando se acerc贸 a la reja retorcida y abierta en dos. Era鈥娾斺妎 hab铆a sido鈥娾斺妘na casa elegante y ahora, era una especie de fantasma, en la calle repleta de opulentas mansiones reci茅n construidas. M谩s all谩, se escuchaba la m煤sica de alguna celebraci贸n, la m煤sica como un gran bamboleo que hac铆a vibrar el metal viejo. La sombra de la casa era enorme, se abr铆a en un abanico silencioso, como si el sonido del bajo que retumbaba y la risa de los invitados, pudiera cruzar la semi penumbra. Una r谩faga de viento le golpe贸 el rostro. Estaba impregnada del hedor del agua sucia, de algo m谩s dulce y correoso, vomitivo. Una mosca enorme vol贸 directo al rostro de El铆as. La apart贸 de un manot贸n. Cruz贸 la reja con paso lento.

No hab铆a vigilantes, mendigos, tampoco invasores. La casa no parec铆a tentar a nadie. El铆as cruz贸 el jardin entre tropezones, asfixiado por el olor nauseabundo de la basura podrida, la vegetaci贸n salvaje y brutal que emergi贸 como manos para envolverle el cuerpo. El aire se torn贸 denso, como si estuviera cargado de una lluvia diminuta y pestilente. Las sombras eran cada vez m谩s angulares y para cuando por fin lleg贸 a la puerta principal, ya era de noche. Se qued贸 de pie en la peque帽a terraza abierta repleta de basura, aturdido. Y por en茅sima vez en tres d铆as, se pregunt贸 qu茅 pensaba hacer, si realmente cre铆a鈥o lo cre铆a.

No lo cre铆a, eso era obvio. No cre铆a que Juli谩n se hubiese hecho millonario con un ritual de magia negra, que ahora le pon铆a entre las manos. Pero una parte suya, solo se dej贸 llevar por la desesperaci贸n, por un miedo tan negro que no pod铆a evadir, disimular o reducir al discreto p谩nico adulto. Su padre estaba en terapia intensiva, un tubo en la boca, a punto de morir. El m茅dico cansado, con la bata sucia se lo hab铆a dicho. No se salva, lo hacemos porque usted pag贸. Porque usted pag贸, dijo sin tapujos. Si quiere lo desconectamos. No sufre nadie. 

驴Nadie? El铆as ley贸 el ritual sentado en la cama que hab铆a ocupado su padre, antes que lo llevaran a la planta de arriba. No entendi贸 nada de lo que le ley贸, pero le permiti贸 no derrumbarse por completo. No pensar en pasar de nuevo por todo el tr谩mite de la muerte. En empe帽ar lo 煤ltimo que le quedaba para cremar el cad谩ver del viejo, poner las cenizas en la biblioteca de la sala vac铆a. Estaba solo, divorciado, el 煤nico hijo con la madre en Colombia. Hab铆a fantaseado con esa noche despu茅s de la muerte del viejo. Con la noche en la sala oscura. Pens贸 en la pistola que hab铆a en una de las gavetas del fondo. Pens贸 en que hab铆a una caja de balas. Pens贸 en que ten铆a la suprema libertad del desgraciado. 

Y entonces decidi贸, casi por inercia, por evitar la muerte con tanta rapidez, hacer el ritual. Un ritual rid铆culo, adem谩s, como sacado de una pel铆cula vieja y mala. Invocaciones, vela, sangre, un obsequio para el dios. 驴Qu茅 obsequio? El铆as no ten铆a nada y decidi贸 que lo 煤nico que pod铆a darle eran recuerdos. Meti贸 en el morral las velas negras, las azules y la verde, tiza y tambi茅n, los 谩lbumes familiares. Las fotograf铆as que el viejo hab铆a tomado en cuarenta a帽os de trabajo. 驴Eso que val铆a? Val铆a el esfuerzo los a帽os, el amor, la dedicaci贸n. Val铆a una vida. 

El铆as no cre铆a en el ritual, pero quer铆a creer. Sab铆a que Juli谩n s铆 lo cre铆a. Juli谩n cre铆a sin duda, que pod铆a funcionar. Lo record贸 gordo, ufano, las manos llenas de anillos de oro. En la b煤squeda en internet vio sus riquezas, su nueva posici贸n social, su relevancia. El tipo misterioso detr谩s de pol铆ticos detestados. 驴Eso lo hab铆a conseguido un ritual m谩gico? El铆as se ech贸 a re铆r, sacudi贸 la cabeza. Magia. Pens贸 en que deb铆a estar muy desesperado o muy loco ya, solo por estar ah铆. Despu茅s, que no quer铆a estar en otra parte que ese lugar.

Empuj贸 la puerta. Hab铆a cre铆do tendr铆a que romper cerraduras, abrirse paso con un piquete de metal, herramientas. Quiz谩s romper en dos la venerable puerta de Cedro. Pero solo estaba abierta. Abombada eso s铆, por la humedad, rota por el comej茅n, hecha pedazos por la carcoma. Cuando apoy贸 el hombro, se dobl贸 en dos, se abri贸 en un crujido y un trozo de madera cay贸 al suelo. Escuch贸 el zumbido de los insectos. Un espiral que se elev贸 hacia el techo roto en que se abr铆a en la penumbra hasta desaparecer. El铆as sac贸 el tel茅fono celular y encendi贸 la linterna. El peque帽o charco de luz le mostr贸 apenas un trozo de madera y la suciedad, la salvaje vegetaci贸n tambi茅n all铆. Se cubri贸 la cara con el brazo libre y camin贸 entre muebles, pedazos de argamasa, un tabique de metal ca铆do en que escuch贸 un sonido sibilante. 驴Una serpiente? Su imaginaci贸n se desboc贸. Imagino una criatura enrollada en s铆 misma, la cabeza levantada, que esperaba para morderle.

La luz blanca solo descubri贸 un coj铆n y ratas. Docenas de ellas, gordas y enormes, que corrieron a esconderse. Un escarabajo enorme que se desliz贸 con su cuerpo flexible y robusto hacia un lado. Cucarachas que corrieron en todas direcciones. Al otro, las polillas se elevaban para perseguir el resplandor. M谩s cerca del techo, las moscas susurraban.

El铆as no fue muy lejos. Estaba asqueado como no recordaba haberlo estado antes, no s贸lo por los insectos y las ratas. Era el hedor, el aliento de la casa que le rodeaba, como si algo respirara sobre su rostro con un gesto burl贸n. Se detuvo en una habitaci贸n peque帽a junto al vest铆bulo largo y ancho鈥娾斺娐縞贸mo pod铆a ser tan enorme la casa? se pregunt贸 aturdido鈥娾斺妝 camin贸 entre la basura. Era aqu铆, aqu铆 deb铆a ocurrir, se dijo sofocado. Era aqu铆, porque si no perder铆a el valor y鈥 驴qu茅? 驴Su padre morir铆a?

Quiz谩s el viejo estaba muerto ya, con el tubo en la boca, como le hab铆a pasado a su madre. Con un ojo abierto y otro cerrado. Las manos aferradas a las s谩banas. Sacudi贸 la cabeza, luch贸 por hacerse un espacio en medio los tesoros inmundos que la casa guardaba. Lo logr贸, conteniendo el v贸mito y el p谩nico creciente. La casa observaba, pens贸 de pie en la oscuridad. La casa observaba con atenci贸n. Un escalofr铆o le recorri贸 de pies a cabeza. Estaba petrificado de miedo, era de nuevo el ni帽o peque帽o que miraba el resplandor en el 煤ltimo piso de la casa. Y ahora estoy aqu铆.

El ritual no era complicado, tampoco f谩cil. Era laborioso, pens贸 El铆as y tuvo la impresi贸n que jam谩s hab铆a utilizado esa palabra antes. Que la hab铆a le铆do, sab铆a su significado, pero jam谩s la hab铆a utilizado para鈥 驴qu茅? Trabajo en silencio. Primero el c铆rculo de tiza, el cuadrado, los dos tri谩ngulos, las l铆neas paralelas. Los s铆mbolos que no ten铆an la menor idea de qu茅 eran. Por la tarde, todo le hab铆a parecido absurdo, una bufonada para no pensar en la pistola cargada en casa. Pero ahora, era temible. Hab铆a algo que palpitaba como un coraz贸n febril en el aire. Cuando encendi贸 las velas y el peque帽o sal贸n se ilumin贸, casi solt贸 un grito. Todas las paredes estaban llenas de fotograf铆as. Enmarcadas en madera vieja, los cristales rotos. Rostros que le observaban con atenci贸n. Colgados en la pared, otros ca铆dos en el suelo. No pod铆a distinguir con claridad las im谩genes, pero sin duda, no estaban rotas. Tampoco rasgadas. Parpade贸. 驴C贸mo se hab铆an mantenido ah铆鈥? 驴C贸mo鈥?

Tom贸 el bistur铆 que hab铆a robado del hospital y antes de pensar, de detenerse, de dar vuelta atr谩s, se cort贸 la palma de la mano derecha. Un movimiento r谩pido, apenas le doli贸. Pero cuando camin贸 alrededor del c铆rculo y ofrend贸 su sangre鈥娾斺奺so era lo que hac铆a 驴verdad?鈥娾斺妔inti贸 que hab铆a cruzado el punto de no retorno hac铆a horas, 驴d铆as? Sugesti贸n, pens贸. Estoy asustado para la mierda. Pero despu茅s no pens贸 nada m谩s, subyugado por una fascinaci贸n densa, irrespirable. Apret贸 los dedos para hacer caer la sangre. Le recorri贸 un chispazo de tensi贸n de la mu帽eca al codo. El olor de la basura se hizo peor y escuch贸 el zumbido de las moscas a su alrededor. Pod铆a sentir su vuelo circular, la forma como sus cuerpos vibrantes se le enredaban en el cabello y en la boca. Pero ya no sacud铆a las manos. Estaba de pie en el centro del c铆rculo. Tom贸 el morral con las fotograf铆as familiares y sac贸 los 谩lbumes con cuidado. Pens贸 en las que colgaban de las paredes de la habitaci贸n. Los ojos que le miraban desde el papel. Testigos. Todo trato necesita un testigo. 

Se qued贸 muy quieto y entonces, comenz贸 a invocar. Primero ley贸 como pudo lo que Juli谩n hab铆a escrito. Lat铆n, italiano, quien sabe qu茅 idioma de mierda era ese. Pero despu茅s, s贸lo recit贸, como si una parte de su mente siempre hubiese sabido que decir. Porque los pactos con lo viejo, siempre son reales, siempre est谩n ah铆. Te ofrezco mi sangre y esta ofrenda, te lo doy ahora, porque necesito tu favor. Ven a m铆, oscuridad, ven a m铆鈥

Las moscas volaban cada vez m谩s cerca del techo. El铆as las contempl贸, sin saber qu茅 miraba en realidad. El brillo de los cientos de cuerpos que se frotaban entre s铆, aplastados, brillantes, gordos, las alas traslucidas, irradiaba calor. Una especie de hervor lejano y pestilente que hizo a El铆as retroceder.  De pronto, la nube descendi贸 en una ola que ondul贸 dentro de la oscuridad. Se retorci贸 en s铆 misma y El铆as pensar铆a despu茅s, que sab铆a que eso ocurrir铆a, que cuando el cuerpo apareci贸 en la oscuridad, lo hab铆a esperado. Lo vio emerger, entre las moscas, envuelto en las moscas, el cuerpo hecho de la sustancia de las moscas que se mov铆an, que se alineaban hacia arriba como hilos vivos que se enroscaban en el vac铆o para dar forma a algo m谩s.

La silueta avanz贸. Era oscuridad y a la vez, no lo era. Los pies desnudos y oscuros, como cubiertos de pelo ralo, las manos abiertas. De la cintura hacia arriba, s贸lo hab铆a moscas, que se encrespaban y zumbaban con furia. El铆as quiso gritar, huir, enloquecer. Pero sab铆a, una parte muy vieja de su mente lo sab铆a, s贸lo pod铆a permanecer ah铆. 

鈥娾斺奙e has tra铆do aqu铆鈥娾斺奺ra una voz, que era un eco, que palpitaba con todos los sonidos de la casa鈥娾斺妕煤, que tienes un deseo. 

El铆as no habl贸 en voz alta, pero habl贸. Lo sab铆a, escuchaba su voz como de muy lejos, un eco que se golpeaba entre las paredes. Vine por la salud de pap谩, vine porque odio la casa sucia y pobre en la que vivimos, porque odio a mi mujer casada y feliz, vine porque tengo envidia, vine porque quiero鈥

鈥娾斺奞uieres鈥娾斺妉a silueta alz贸 las manos. Blancas, largas, dedos finos鈥娾斺娐縌u茅 quieres? 

El铆as no lo sab铆a. Y descubri贸, en mitad de la humareda de las velas, del sonido de las moscas, de la presencia del dios de la oscuridad que le hab铆a escuchado, que no estaba ah铆 por la salud de su padre, ni por lo que Juli谩n le hab铆a dicho. Sinti贸 la furia que le embarg贸 cuando se qued贸 sin trabajo, el tir贸n de envidia cuando su hijo le dijo de su nueva casa en Bogot谩, de lo bonita que era la nueva ciudad. De Jos茅, el amigo bueno de mam谩. Pero hab铆a m谩s, m谩s cosas bajo las capas de oscuridad. M谩s cosas. Cosas que no ten铆an nombre, que no pod铆a se帽alar o decir esto es as铆 o esto quiero ser. No sab铆a, solo sent铆a y era oscuro, m谩s oscuro que cualquier otra oscuridad sobre la tierra. 

鈥娾斺奀odicia鈥娾斺奷ijo la silueta鈥娾斺妐uieres satisfacer tu codicia. 
鈥娾斺奡铆鈥娾斺妀ade贸 Juli谩n.

 Las moscas se aglutinaron en d贸nde deber铆a estar el rostro y El铆as casi pudo un rostro fino y puntiagudo, creado por los chispazos de las alas de las moscas, por los cuerpos tornasolados. Ojos enormes, feroces. Un hombre que no era un hombre. Una mano se extendi贸 hac铆a 茅l. 

鈥娾斺娐縌u茅 ofreces?
鈥娾斺奛o tengo tesoros, no tengo historia鈥娾斺娐縫or qu茅 respond铆a algo as铆? y el miedo lleg贸 de nuevo鈥娾斺娐o tengo nada!

El铆as comenz贸 a gritar, cay贸 de rodillas. Gritaba y sent铆a que los pulmones se hinchaban en busca de aire. Gritaba, con las moscas cubri茅ndole los labios. Gritaba, tan cerca de una oscuridad absoluta, maligna que supo que era el reborde de la cordura, la l铆nea del miedo definitivo que se abr铆a justo por el rabillo del ojo. Los ojos de las fotograf铆as en la pared le miraban, peque帽as criaturas burlonas en la oscuridad. Las im谩genes del centro del c铆rculo en cambio, gritaban con 茅l. Vio a su madre, de reci茅n casada, que gritaba. A su hermana, muerta a帽os atr谩s, que gritaban. Su hijo, los ojos hundidos, las cuencas ensanchadas de maneras antinatural. El grito era 茅l y el de todos. Era el horror definitivo.

鈥娾斺娐ide!鈥娾斺奺xigi贸 la presencia鈥娾斺娐ide!

Y El铆as pidi贸. Pidi贸 un deseo claro. Uno que hab铆a estado en su mente desde siempre, desde antes de ser El铆as, desde antes de existir el tiempo. Grit贸 y dese贸, con el miedo rompi茅ndole la garganta, empuj谩ndole al suelo. Se encogi贸 en un ovillo, se cubri贸 la cabeza y pidi贸, pidi贸, pidi贸. 

Vio los pies de la figura, cerca de su rostro. Se elevaban un poco sobre el suelo, unos cent铆metros apenas, que nadie podr铆a haber notado de no estar a ras del suelo. Pero El铆as lo ve铆a con claridad. Las plantas suaves de pelo ralo. Los dedos casi delicados. Los tobillos delgados. Un dios ni帽o. O un ni帽o robado a la oscuridad. 

鈥娾斺奌echo鈥娾斺妔usurr贸 la voz. 

Las moscas se elevaron. Un abanico abierto de luz que se ensanchaba hacia arriba. Cientos de moscas, tantas que al final, toda la oscuridad vibr贸, se sacudi贸 estaba viva. El铆as se qued贸 tendido y lo contempl贸 todo hasta que la oscuridad lleg贸 y lo envolvi贸. 

3

El viejo caminaba con lentitud, pero caminaba. Respiraba con esfuerzo y una m谩scara, pero respiraba. Era un milagro, dijo el m茅dico. Hab铆an pasado dos semanas y ya volv铆an a casa. Puede recaer, pero por ahora, lo peor pas贸. Lo peor pas贸, repiti贸 El铆as en su mente.

Lo peor pas贸 tan r谩pido que todav铆a no pod铆a digerir del todo que ocurr铆a en realidad. Primero, la oferta de trabajo. Un correo simple, una recomendaci贸n de un colega cuyo nombre apenas recordaba pero que hab铆a sido enf谩tico. El铆as era el necesario para un puesto corporativo medio en el mundo del bitcoin. Una empresa peque帽a, un emprendedor entusiasta y sin experiencia. 驴Eso era posible? Escribi贸, respondi贸. Result贸 que s贸lo 茅l sab铆a c贸mo solucionar un problema b谩sico de procesadores y de pronto, todo fue tan sencillo que dos d铆as despu茅s, le contrataron por un sueldo decente. Los suficientes para comprar medicinas. Para que su padre pudiera batallar contra la terapia intensiva. Se recuper贸 apenas, pero fue lo suficiente para que El铆as tuviera esperanza. Para que creyera鈥 驴en qu茅?

Recordaba la borrachera. Recordaba haber despertado fuera de la casa a la que hab铆a temido en su infancia. Recordaba el olor el v贸mito sobre la camisa, el cuaderno de Juli谩n manchado de sangre. La herida en la mano. Una larga l铆nea abierta y mal curada 驴Qu茅 co帽o hab铆a hecho? Llegado al fondo, eso hab铆a hecho. Llegado al fondo de su desesperaci贸n, la autoestima rota. El fin de a帽o como una boca repugnante que se alz贸 para devorarle de un 煤nico bocado. Se record贸 tendido sobre la acerca, los brazos abiertos, los gritos de los que celebraban le llegaron como r谩fagas de risas burlonas. Un gemido de placer a la distancia. 驴Sabes lo que has hecho? El铆as 驴sabes lo que has hecho? Volvi贸 a la casa de los viejos, se dio una ducha caliente, se afeit贸, volvi贸 a vomitar. Se retorci贸 de asco. Hab铆a moscas en la bilis. Una enorme, verde. Se qued贸 aferrado a la taza de la poceta y quiso llorar, quiso acabar con todo. El fondo, la oscuridad, all铆 hab铆a llegado. 驴De verdad hab铆a cre铆do tendr铆a el valor de hacer un ritual de brujer铆a barata? Pens贸 en Juli谩n, en la crueldad de su burla, de la visita al hospital. 驴Pod铆a鈥? Se levant贸, pens贸 en la pistola otra vez. La vio clara en su mente. Se pregunt贸 cu谩l ser铆a el sabor del metal en su lengua, como ser铆a apuntar鈥e ech贸 agua fr铆a en la cara. Basta. Basta ya. 

Entonces, hab铆a recibido el correo. Una breve vibraci贸n en el tel茅fono celular. Un trabajo. Un trabajo cuando hab铆a pedido tanto, cuando hab铆a suplicado, insistido hasta perder toda dignidad. Pero ah铆 estaba, un trabajo. Despu茅s, la primera paga, casi de inmediato. Las medicinas para el viejo. La lenta recuperaci贸n. Todo en dos semanas. Todo con una lentitud perezosa pero real. 

Y entonces todo se aceler贸. De pronto, el Bitcoin aument贸 de valor y El铆as se encontr贸 en medio de un proyecto disparatado. Uno que llevaba en su mente a帽os, que solo consist铆a en un medio de ahorrar e invertir con tal rapidez como para evitar p茅rdidas. Tuvo 茅xito. La peque帽a empresa se volvi贸 de pronto un valor en activo tan valioso que, en un fin de semana, el dinero entr贸 a raudales. 鈥溌s la mierda millonaria!鈥 le grit贸 el due帽o al tel茅fono, un ni帽ato al que llevaba veinte a帽os. 鈥溌punta al d贸lar cabr贸n!鈥. Una bonanza extravagante, tan s煤bita que, para la 煤ltima semana del mes, su nombre se incluy贸 en una discreta lista de prospectos y perfiles a tener 鈥渆n cuenta鈥 en la guerra m谩s novedosa de la econom铆a. 

El铆as ahora ten铆a dinero, pero no s贸lo una buena entrada y trabajo. Plata, como dec铆a su madre. Plata de la buena. Plata que le permiti贸 llevar a su padre a una cl铆nica, plata que le permiti贸 alquilar un apartamento y pagar un a帽o entero por adelantado. Todo ocurr铆a tan deprisa, que, para el segundo mes, ya ten铆a un autom贸vil nuevo, hab铆a creado una App que era un 茅xito en las Store del mundo digital y recib铆a ofertas de trabajo a docenas. El viejo regres贸 a la casa. Le contrat贸 una enfermera. Se ve铆a cansado, pero estaba sano. Le llen贸 la nevera de comida. El viejo sonre铆a. Se alegraba por el 茅xito de su hijo, se sorprend铆a. 鈥淎horra mijo鈥 le dijo una vez, cuando le compr贸 una nevera peque帽a para que no tuviera que moverse de la cama para comer lo que quer铆a. Una excentricidad rid铆cula que sorprendi贸 a la vieja de uniforme blanco y preocup贸 al viejo. 驴Para qu茅? pens贸, El铆as. Esto, es real. Esto es la vida. Est谩 vivo.

El铆as trabajaba jornadas extenuantes de catorce o quince horas. Mucho que hacer, mucho que analizar. Pero cuando dorm铆a, siempre le despertaba el zumbido de las moscas. Un palpitar negro y verde que le hac铆a saltar en la cama, cubierto de dolor. El dolor en la palma de la mano. Recordaba 驴qu茅? Nada. La borrachera. Esa 煤ltima borrachera. Miraba a la ventana. Hab铆a moscas que se deslizaban contra el cristal, otras que volaban entre las cortinas. Le provocaban una repugnancia insoportable, un miedo atroz. Hay una oscuridad siniestra, pensaba a veces, en los cuerpecillos que vibraban, en la forma en que sacud铆an las alas. Un viejo espacio entre mundos, pens贸 una vez y se pregunt贸 de d贸nde hab铆a salido una imagen semejante. No se atrev铆a a matarlas nunca. 

4

La primera muerte lleg贸 a los seis meses de la borrachera. Su t铆a, m谩s joven que su padre y sana, cay贸 fulminada por un infarto. El铆as recibi贸 la noticia y por alg煤n motivo, record贸 una vieja fotograf铆a de la mujer. Una en la que aparec铆a sentada frente a la playa, con su prima y con El铆as en brazos. No dej贸 de pensar en la fotograf铆a hasta que comenz贸 a buscarla. No estaba en ninguna parte. Ni en los viejos anaqueles del negocio de su padre ni tampoco en la casa. Se sorprendi贸, cuando descubri贸 que la t铆a, de la que no recordaba nada y apenas cruzaba palabra con su familia, result贸 compartir una vieja y cara propiedad en el Este de Caracas. El铆as se encontr贸 con que su padre ahora era el due帽o de una peque帽a inmobiliaria, de varias mansiones vac铆as y un edificio de almac茅n. Pero el viejo no quiso escuchar nada de la novedad que el abogado cont贸 en un correo electr贸nico preciso, llen贸 de buenas noticias. Su padre era ahora un ni帽o, que llor贸 a la hermana muerta por d铆as y volvi贸 a enfermar. Esta vez, El铆as no se preocup贸 tanto. Pag贸 una cl铆nica privada, lo llev贸 a que le cuidaran all谩 despu茅s del velorio. Ten铆a demasiadas cosas que hacer para preocuparse de los vaivenes de salud del viejo. 

La empresa crec铆a, r谩pido. Tanto que al final, le ofreci贸 al due帽o una sociedad. 脡l ten铆a las ideas, ten铆a la iniciativa. Pero el mocoso de mierda que antes le hab铆a suplicado trabajar para 茅l, no quiso escuchar nada. Le dijo que, si quer铆a irse, 鈥渓as puertas siempre estaban abiertas para ir y volver鈥, pero su empresa era suya. El铆as prefiri贸 quedarse. E hizo bien. Siete d铆as despu茅s de la tensa conversaci贸n, el due帽o se estrell贸 contra una pared en la calle diminuta en la que viv铆a. Nadie comprendi贸 que hab铆a pasado. No estaba borracho ni drogado. Solo aceler贸. Un vecino cont贸 que le vio dar manotazos, como si espantara algo al pasar por la calle. Un ataque psic贸tico, opin贸 un doctor para un podcast. Al escuchar la conversaci贸n, El铆as pens贸 en las moscas gruesas y azules que pululaban en su casa y jam谩s se atrev铆a a matar. 

Compr贸 la empresa a la jovenc铆sima viuda. Ella no quer铆a vender, pero entonces el hijo de la pareja enferm贸. De miedo y de tristeza, dijo el m茅dico, cuando El铆as se interes贸. Estr茅s por la muerte del padre. Despu茅s la madre enferm贸 de COVID. Lo 煤ltimo que supo El铆as, fue que la mujer agonizaba en terapia intensiva, que el ni帽o estaba con los abuelos. Pero hab铆a demasiado trabajo para volver la cabeza, para entender qu茅 pasaba. Cuando la noticia que la mujer hab铆a muerto le lleg贸, ya la hab铆an cremado dos semanas atr谩s. En una fotograf铆a en las redes sociales de la fallecida, un pariente incluy贸 una foto del ni帽o, de pie junto con los abuelos. Ten铆a una mosca en la mejilla, se fij贸 El铆as. Ped铆an dinero, al parecer el ni帽o estaba enfermo tambi茅n. Se record贸 hacer una donaci贸n. Despu茅s lo olvid贸. 

Hubo cuatro muertes m谩s en la familia de El铆as en el transcurso de ese a帽o. Su prima, la viej铆sima bisabuela, otro t铆o al que no recordaba y tambi茅n, la joven esposa de uno de los socios de su padre en el viejo estudio de fotograf铆a. Por interconexiones dif铆ciles de entender de inmediato, todos compart铆an propiedades, todos eran socios entre s铆, todos ten铆an dinero en propiedades y en met谩lico. El padre de El铆as era ahora el due帽o de una serie de negocios, locales y dinero en met谩lico. El铆as hizo una revisi贸n cuidadosa. Hac铆a calor, esa tarde. Y las moscas en la ventana era una placa azul y verde que zumbaba. Ya no le produc铆an asco. Las observaba, un poco sobresaltado. Hab铆a investigado. Eran moscas que solo nac铆an de la carne podrida y corrompida. Carne de cad谩veres, de animales muertos. De comida fermentada. El铆as mir贸 las moscas un rato, abstra铆do, pensando en la din谩mica de la muerte que las manten铆a unidas. De las piezas letales y putrefactas que le tra铆an a la vida. Codicia, pens贸 sin saber por qu茅. Revis贸 los contratos, las cuentas, las sucesiones. El viejo era un hombre rico. Un hombre con plata. 

Y quiz谩s por eso, cuando muri贸, ahogado en los fluidos de sus pulmones destrozados, El铆as no repar贸 en gastos para homenajearlo. A pesar de las 煤ltimas restricciones de la pandemia, le llev贸 a la mejor funeraria de la ciudad, llen贸 de flores el sal贸n, hizo venir a todos sus viejos amigos. Un desfile de centenarios con el rostro cubierto. Hubo moscas ese d铆a. Cientos de moscas azules que se inflaban y se combaban sobre el techo de la vieja mansi贸n de la tuner铆a. Moscas de la carne, de los cad谩veres. Alguien levant贸 los ojos, curioso y pregunt贸 a El铆as que miraba. Cuando 茅l quiso explicarle, se qued贸 petrificado de miedo. El rostro del desconocido era solo moscas, una cortina viva que palpitaba mientras respiraba.

鈥娾斺娐縌u茅 ve?鈥娾斺妏regunt贸 otra vez鈥娾斺娐縠s algo feo?

4

La ex esposa de El铆as muri贸 en abril, un a帽o despu茅s de su 煤ltima borrachera. Para entonces, El铆as era un potentado del mundo electr贸nico. Un genio solitario, de los escasos que hab铆a en Latinoam茅rica. Su fotograf铆a hab铆a aparecido en todas las revistas que se ocupaban del tema, era una presencia frecuente en las p谩ginas web y ten铆a una legi贸n de seguidores devotos en redes sociales. La muerte de ella le sorprendi贸, le gan贸 una ola de solidaridad y al final, le hizo sonre铆r en mitad de la noche. 

C谩ncer. R谩pido y letal. Y hab铆a sufrido. Hab铆a sufrido tanto que al final gritaba, porque no hab铆a un calmante que pudiera calmarle el dolor. El铆as lo imagin贸, una escena clara y limpia. La mujer que gritaba, flaca hasta los huesos, la boca empapada de saliva. Y las moscas, claro. Las moscas que iban y ven铆an, mientras los m茅dicos se inclinaban sobre el cuerpo retorcido, tan delgado que parec铆a a punto de romperse por la presi贸n del sufrimiento. Lo pens贸 todo con cierto deleite mientras esperaba a su hijo en el aeropuerto. Hab铆a vuelto, como El铆as sab铆a que pasar铆a. De nuevo, tendr铆a a su hijo en casa, en el apartamento de tres niveles que reci茅n hab铆a comprado. Uno en el que el ni帽o ten铆a la mejor habitaci贸n, que ambos llenar铆an de juguetes. El ni帽o que mandar铆a a las mejores escuelas, que tendr铆a la educaci贸n, lujos y la vida que 茅l habr铆a deseado, que quer铆a su hijo disfrutara ahora que pod铆a d谩rsela. Sonri贸 y apart贸 las moscas con la mano abierta. Una se le enred贸 en el dedo. La mir贸 con atenci贸n. La mosca se retorci贸, enfurecida, inquieta. Viva. El铆as la aplast贸 y camin贸 hacia el and茅n. 

El ni帽o lleg贸 con fiebre. En aduana no le dejaron pasar. COVID. No, no lo era. pas贸 una semana entera hasta que le dijeron el diagn贸stico, en ese pa铆s de mierda, pobre e ignorante. Puede ser c谩ncer. Uno muy raro, le explic贸 el m茅dico. Puede serlo, pero鈥l铆as se qued贸 muy quieto y escuch贸 a las moscas llegar. Una bandada de ellas. Tantas que se pregunt贸 como el m茅dico no corr铆a despavorido o la enfermera del peque帽o hospital en que manten铆an a su hijo en cuarentena no gritaba. Las moscas llegaron y se pegaron a las ventanas. Rodearon las puertas. El m茅dico hablaba y hablaba, el rostro cubierto de un resplandor putrefacto verde y azul. Sus peque帽os cuerpecillos que chocaban entre s铆, como devor谩ndose unas a otras con glotoner铆a sobre la piel del hombre. La oscuridad invadi贸 la oscuridad y cuando El铆as levant贸 la cabeza, distingui贸 en la esquina la figura alta, delgada, fibrosa. El perfil que se mov铆a. 驴Lo hab铆a olvidado en realidad? El铆as se qued贸 sentado en la silla, las manos sobre las rodillas. Pens贸 en las moscas, en su belleza. En la voz de la criatura que parec铆a emerger de una regi贸n siniestra e implacable del mundo, de la realidad, de su mente. 

鈥娾斺奀odicia鈥娾斺奷ijo la voz que ten铆a todos los gritos de dolor del mundo en ella鈥娾斺奝aga el trato, haz lo que debes. 

5

Nelson no recordaba a El铆as en realidad. Es decir, le recordaba de las entrevistas en la televisi贸n, la fama en redes sociales y el asombro que despertaba su talento y riqueza. Pero no recordaba al muchacho bajo y p谩lido con que hab铆a trabajado alguna vez. Era como dos im谩genes superpuestas. Ahora El铆as era un tipo enorme, con los hombros hinchados bajo la camisa blanca, los Jeans tan amplios que apenas pod铆an rodear la cintura redonda. Sonre铆a. Una amplia sonrisa de labios h煤medos de saliva que sobresalt贸 un poco a Nelson. 

鈥娾斺奡upe que tienes problemas de liquidez鈥娾斺奺mpez贸 El铆as. 

Nelson parpade贸. Estaba en la puerta de la oficina, con la m谩scara sobre la cara y agradeci贸 El铆as no notara la forma como torc铆a la boca. 驴C贸mo se hab铆a enterado El铆as de algo as铆? 驴Qu茅 relacionaba al gran potentado de los negocios electr贸nicos con 茅l, un tipo insignificante? Su empresa era apenas un local con dos escritorios en un edificio peque帽o. Una, adem谩s, que se ven铆a abajo en un pa铆s cada vez m谩s ca贸tico. Se encogi贸 de hombros. 

鈥娾斺奡铆, pero co帽o鈥s que este pa铆s鈥
鈥娾斺奅ste pa铆s es el infierno, yo s茅鈥娾斺奷ijo El铆as y los ojos le brillaron. Un tono azul verdoso que le produjo una incomodidad inexplicable a Nelson鈥娾斺妏or eso te vengo a ayudar. 

El铆as dio un paso hacia 茅l. Llevaba entre las manos un cuaderno, retorcido, viejo y sucio. Nelson vio incluso que una mosca zumbaba alrededor de las hojas que sobresal铆an sobre la vieja solapa de cart贸n. Las alas que brillaban, las diminutas patas que se aferraban con fuerza sobre la superficie vertical. Nelson pens贸 en algo, en un viejo terror, pero no pudo darle nombre. Como una vieja pesadilla a medio recordar. 

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