馃└ LA AMANTE SILENCIOSA

Para el Conde, Londres era un fest铆n. Un abalorio lujoso entre los infinitos recuerdos atesoraba en una vida muy, muy larga. Antes, cuando hab铆a fue un hombre normal, luch贸 por honrar el nombre de su familia, de su padre y su tierra. Pero una vez que bebi贸 la sangre, todo se disolvi贸 en deseo. 驴Y qu茅 deseaba? El Conde a veces sonre铆a con la melancol铆a de la crueldad y pensaba en los cientos de a帽os que hab铆an transcurrido desde que despert贸 a la noche de todos los infiernos. La imagen era muy clara: estaba junto al ata煤d en que los Patriarcas le encerraron. Las velas de los cirios reluc铆an como hilos de oro. Hab铆a un monje tendido en el suelo, vivo, blando, la piel caliente. Lloriqueaba, con las manos en la cara. La sangre, la sangre tan cerca como para tentarlo. Un custodio, uno de los que velaba el sue帽o eterno del pr铆ncipe al que tem铆an incluso bajo la mortaja. Vlad se puso en pie, en medio de la habitaci贸n en la que se encontraba rodeado de hombres silenciosos. Rostro blando que le custodiaban. Uno de ellos llevaba una armadura antigua y sucia de sangre. El metal combado y ennegrecido por el fuego, la intemperie, la tierra. Todo eso lo vio Vlad, la criatura reci茅n nacida que temblaba, cuando el hombre se acerc贸 a su lado. Jadeo sobresaltado, por la m谩scara p茅trea de la piel sin arrugas, sin rasgos humanos. Los ojos que brillaban en la oscuridad como los de los gatos.

鈥娾斺夾hora, tendr谩s hambre de recuerdos鈥娾斺妉e dijo. 
鈥娾斺娐縍ecuerdos? 
鈥娾斺奣贸malo y convi茅rtelo en muerte鈥娾斺奷ijo y se帽al贸 al monje. 

Una frase curiosa para llamar a la muerte, pens贸 Vlad d茅cadas despu茅s. Y una muerte brutal, razon贸 cuando pudo recordar esa noche sin sentir hambre, miedo, deseo. No recordaba qu茅 hab铆a ocurrido con el monje, solo el resonar de sus gritos, la sangre caliente, el chasquido de la piel al abrirse en una herida mortal. Los hombres que le custodiaban鈥娾斺奦rykolakas, dijo uno de ellos, el del cabello negro como el suyo, el rostro de nariz aguile帽a que reconoci贸 de inmediato鈥娾斺妉o contemplaron en silencio. El bautismo de sangre. El gru帽ido de la fiera en su interior, del esp铆ritu torvo que naci贸 del hombre que hab铆a sido antes. La sed se saci贸鈥娾斺妋uy poco, por muy escaso tiempo鈥娾斺妝 despu茅s, un placer monstruoso le hizo sentir que su cuerpo era un templo p茅rfido, nacido del m谩rmol de estrellas muertas, tan antiguas como el mundo. Vlad intuy贸 que habr铆a cruzado una l铆nea que no pod铆a desandar. Los hombres de rostro blanco鈥娾斺奦rykolakas, se record贸鈥娾斺妌o le explicaron mucho m谩s. 

鈥娾斺奅ncontrar谩s tu camino, hasta que otro te detenga.
鈥娾斺娐縈e detenga? 
鈥娾斺奤no te detendr谩. Y entonces, ofrecer谩s tu inmortalidad. 

Vlad parpade贸. 驴Eso era lo que hab铆a sucedido? No lo sab铆a. Apenas recordaba haber batallado en el campo de la guerra, con las manos llenas de la sangre de los turcos. La violenta sensaci贸n que morir铆a esa noche, pero que aun as铆, deb铆a seguir luchando. La multitud de hombres que luchaban con espadas y sables, que gritaban de furia y mor铆an entre chasquidos de metal, le rodeaban como un vendaval de horrores. Llov铆a, pero las r谩fagas de agua plateada no eran suficientes para lavar su rostro, para aliviar la oscuridad que le cruzaba la cara, que le oprim铆a el pecho. Vlad balanceaba la cimitarra de un lado a otro, la clavaba con fuerza en los cuerpos de quienes le rodeaban, amigos y enemigos, enloquecido, dispuesto a morir con honor. El olor de la sangre, la mierda y la tierra se confund铆an, le envolv铆an como un aliento desesperado. Entonces, un guerrero de rostro blanco apareci贸 en la noche. Llevaba un gorro sarraceno, un peto de peque帽os hilos de jade y un pu帽al de plata. Grit贸 y se le arroj贸 encima con movimiento tan r谩pido que Vlad pens贸 el cansancio enga帽aba sus sentidos. 

Sinti贸 el dolor, la herida abierta. El rostro blanco del guerrero flot贸 sobre 茅l. Una aparici贸n, pens贸 Vlad aturdido, sin dolor, pero sabiendo morir铆a. La piel del que lo hab铆a herido era m谩rmol, los ojos dos joyas imp铆as. Se re铆a, se re铆a al verle morir. Y tal vez por ese motivo o porque Vlad jam谩s pens贸 en dejar de luchar, levant贸 la cimitarra y la clav贸 bajo la barbilla del hombre. Un movimiento desesperado, impredecible. La carne cedi贸, pero el hombre no muri贸. Vlad vio la punta de la espada asomar bajo la carne y los huesos. Pero los ojos del hombre segu铆an vivos. Radiantes. Llenos de una furia implacable y animal que sab铆a, llevaba impresa una promesa. T煤 morir谩s, dijo el hombre en un idioma sin palabras. T煤 morir谩s y te condenar茅 al infierno. 

Despu茅s, oscuridad. Vlad despert贸 entre gritos, el dolor que le sacud铆a como un animal vivo. Hab铆a luz. Manos fr铆as que le sujetaban. Y el llanto de un hombre. Despu茅s sabr铆a que le hab铆an recogido del campo de batalla, con la cabeza seccionada y le hab铆an llevado al altar del castillo, en las b贸vedas secretas. Que los monjes le custodiaban. Que despu茅s, llegaron los heraldos de la sangre. Y que, con ellos, iba el sarraceno, el que ahora como una c谩scara sin vida, la piel contra铆da y rota. Los ojos como dos agujeros hundidos en las entra帽as de lo innombrable. La carne cortada, que ya no curaba. La inmortalidad imperfecta. 

鈥娾斺奛adie podr谩 hacerme eso鈥娾斺奷ijo el joven Vrykolaka llamado Vlad鈥娾斺妌ing煤n hombre podr谩 hacerlo. 
鈥娾斺奞u茅 sea tu fe en la sangre oscura la que te lleve por la noche鈥娾斺奷ijo entonces el hombre que se le parec铆a鈥娾斺奝ero no olvides, que la muerte, al llegar, buscara reemplazar al hijo perdido. 

***

Vlad aprendi贸 muy pronto que ser un hijo de la noche era m谩s que lo hab铆a supuesto. M谩s que la simple naturaleza humana que le envolv铆a como un disfraz. M谩s que la sed insaciable, la rabia que le hac铆a matar con un abandono desesperado y brutal. Por a帽os, estuvo solo. Por a帽os so帽贸 con grandes conquistas. Por a帽os, venci贸 a otros. Por a帽os supo de otros que no pudieron resistir ataques y as铆, nac铆an otras criaturas m谩s j贸venes. La belleza extra帽a, dura como la piedra e implacable como los aullidos de los lobos con los que Vlad creci贸. Ahora los escuchaba, cada noche, al matar y al volver al castillo. Al permanecer de pie en la oscuridad, asombrado, todav铆a con el regusto de la sangre en la lengua. 

鈥娾斺娐縀scucha eso?鈥娾斺奷ijo en una ocasi贸n al ingl茅s que le enviaron desde Londres鈥娾斺妔on los hijos de la noche, que reclaman mi presencia. Oh, es su voz la que se escucha, que se eleva, en esta regi贸n olvidada.

El ingl茅s, p谩lido y aterrorizado, no hab铆a comprendido nada de lo que Vlad le dijo. Retrocedi贸, entre temblores, aterido por un miedo ingenuo, puro y poderoso. Un hombre d茅bil, pens贸 Vlad con cierta repulsi贸n. De una simplicidad temible, rota, que, sin embargo, era su v铆nculo con el futuro. M谩s tarde, cuando bebi贸 su sangre, vio a trav茅s de ella a Londres, radiante y moderna. Los altos edificios de concreto venciendo las peque帽as casas de piedra. El hogar digno de un inmortal. El lugar en que el Conde, el pr铆ncipe, el guerrero podr铆a prosperar otra vez, hasta alcanzar el imp铆o esplendor del que una vez hab铆a disfrutado. 

***

Meses despu茅s, Vlad pensar铆a que quiz谩s, todav铆a hab铆a una parte en su mente joven e intocada que no pudo prever que encontrar铆a resistencia en la capital inglesa. Que el mundo moderno se resistir铆a a la sangre, que la fe inquebrantable en los nuevos dioses que nada ten铆an que ver con los viejos, se impondr铆a. Vlad luch贸 contra relojes que desmentian el privilegio de la eternidad, carruajes enormes de ruedas r谩pidas que le desconcertaron. En contra los inventos mec谩nicos que llenaban el aire de lamentos met谩licos, de horrores de vapor y de ruedas dentadas que le dejaron aturdida y sin fuerzas. Furioso, escondido entre sus cajas de tierra condenada y corrompida, se preguntar铆a una y otra vez, c贸mo cuatro hombres d茅biles y una mujer pretendidamente virtuosa, le hab铆an vencido. 隆A 茅l! 隆al monstruo m谩s antiguo de todos en la tierra! 隆al 煤nico que jam谩s hab铆a entregado su sangre! 隆al que nunca hab铆an vencido ni una vez! 

驴C贸mo hab铆an logrado hacerle huir, matar a su lacayo en el viejo sanatorio? 驴obligar a que mirara sus cajas con el viejo olor de la tierra en que naci贸 con repulsi贸n? 隆Ah! 隆Pero lo peor no hab铆a sido eso! La hab铆an matado a ella. A la que entre todas las mujeres de Londres, hab铆a escogido para yacer a su lado, para que fuera su compa帽era. Lucy, la mujer de cabello de fuego y ojos tenaces, que le permit铆a beber sangre y le apretaba contra su cuerpo. 驴Le hab铆a amado al final? Lucy, que jam谩s se resisti贸, que no tuvo miedo. No lo tuvo incluso al morir desangrada bajo el cuerpo de Vlad, entre temblores de placer y miedo. 

No lo tuvo cuando yaci贸 sola, en la tumba. Y despert贸 sin gritar. Vlad quer铆a que sufriera, vencer el esp铆ritu extra帽o y furioso que la animaba. Hacerle entender que era su amo, adem谩s de su amante en la sangre. El verdugo de su sangre virgen. Pero ella no grit贸 y al final, 茅l abri贸 la tapa de m谩rmol. Ella languidec铆a, hambrienta, ex谩gue. Y abri贸 los ojos, afilados como el acero, para contemplarlo. Hab铆a sonre铆do, la muy C膬牛ea. Una sonrisa de todos los demonios. Los dedos enredados en el cabello de Vlad, los labios que rozaban los suyos. 隆La compa帽era hacia el abismo de todos lo demonios arrojados del cielo!

Y estaba muerta. Muerta ahora, con una estaca clavada en el pecho. 驴Pod铆a morir as铆? Hab铆a escuchado los rumores, otros como 茅l lo cre铆an. Pero jam谩s鈥a furia le hizo lanzar un gru帽ido de fiera herida. Su creaci贸n, asesinada por el hombre que la hab铆a amado con la ternura mancillada y marchita de la castidad. 隆Condenados hombres de esta 茅poca de hombres d茅biles, huidizos, fr谩giles! 隆Cu谩n amargamente se quej贸 Vlad, cuantas veces jur贸 por venganza! Pero no lo hizo. 驴Y qu茅 habr铆a dicho ella? La efigie de sangre de una mujer. Voluptuosa, tentadora. La criatura maravillosa que hab铆a creado solo para verla morir. La muerte definitiva, esta vez.

Ah s铆, Londres era un abalorio y pronto, lo har铆a estallar, como cuentas entre las manos rotas, pens贸 Vlad, conquistador de cien reinos, Pr铆ncipe incontestado en tierras de salvajes. Pronto, regresar铆a a su reino, para lamer sus heridas hasta curarlas. Despu茅s regresar铆a, a por venganza, o s贸lo por placer. Quiz谩s, despu茅s, Londres volver铆a a ser tentadora para 茅l. El tiempo es su aliado, pens贸 aturdido, atontado, atormentado. La rabia se evapora, incluso en los monstruos, cuando las d茅cadas y los siglos erosionan su brillo. 

***

Despu茅s, Vlad no sabr铆a qu茅 le despert贸. Solo escuch贸 el breve rumor de un cuerpo al moverse en la oscuridad. Salt贸 de la caja de tierra, el cuerpo tenso. Y la sed, la sed convertida en un l谩tigo en su interior. La sed, que aguardaba por 茅l en cada m煤sculo y tend贸n, le hizo quedarse muy quieto, en mitad del s贸tano oscuro. Lo escuch贸 de nuevo. Un cuerpo, que se mov铆a entre las sombras. Pero tan ligero, imperceptible como otra sombra. Entonces oli贸 la sangre鈥娾斺su sangre en otras venas鈥娾斺妝 lo supo. Se qued贸 muy quieto, contemplando incr茅dulo los charcos de luz de luna sobre el suelo de piedra. Esperando鈥β縠l qu茅? 

Verla aparecer. Lo sab铆a, lo supo incluso sin saber con cuanta claridad lo deseaba, lo anhelaba, lo esperaba. Lucy, con su largo cabello rojo suelto y sucio, el traje de bodas roto, mancillado, empapado en sangre, el pecho abierto que curaba con lentitud. Lucy, que ven铆a por 茅l, con pasos d茅biles, fr谩giles. Vlad se qued贸 aturdido. 驴Esto es la inmortalidad? 驴esto es el tiempo? 驴esto es lo que aguarda por nosotros? 驴esto es lo que est谩 oculto bajo la piel blanca, la sangre espesa y negra? Su mente pareci贸 encenderse en preguntas, brillar de deseo y desconcierto. 驴Pod铆a ser esto real? pens贸 otra vez. 驴Pod铆a ser una pesadilla? 

Lucy estaba de pie, a unos cuantos pasos de 茅l. Flotaba, exang眉e, rota, herida, contra el brillo de la ventana, la luz de la luna que acentuaba la piel blanca, las venas azuladas que part铆an del cuello hacia el pecho. No era bella como una mujer humana, ya no. Era triste y dura, como la criatura de la noche que era. Y estaba viva, pens贸 Vlad cuando se acerc贸 a ella. Y es m铆a, pens贸 tambi茅n, cuando ella se acerc贸 con los brazos abiertos, sus ojos de gacela, los pechos bamboleando p谩lidos bajo la tela del vestido roto. 

El 煤ltimo pensamiento que tuvo Vlad antes que Lucy le clavara el cuchillo en el coraz贸n, fue para la sonrisa de la criatura que hab铆a creado. La terrible belleza de un gesto que no era humano ni diab贸lico, sino de absoluta soledad. La oscuridad en la mueca de labios abiertos, de la batalla que Vlad supo perdida apenas sinti贸 el cuchillo rebanar la carne y avanzar hacia su cuerpo, abrir las arterias y huesos, alcanzar el coraz贸n. 脡l la contempl贸, maravillado y horrorizado, con la muerte a sus pies y el cabello rojo de ella flotando sobre su cabeza. Ella apret贸 la estaca de hierro y empuj贸 con m谩s fuerza. Cuando 茅l cay贸 de rodillas, se arrodill贸 a su lado, casi con amor.

鈥娾斺奅ste es mi camino鈥娾斺妋urmur贸, furiosa, poderosa, ya lejana鈥娾斺妕煤 me lo has dado. 

S铆guenos en:


Feed de narrativa editada a seis manos (desde San Jos茅 de Costa Rica, Stuttgart y Caracas), por los caraque帽os diasporizados Luis Garmendia y Javier Miranda-Luque, y el caraque帽o sin diasporizar (驴por ahora?) Mirco Ferri cuya idea es la de postear textos propios y de autores invitados. 隆Bienvenido cada par de ojos lectores que se asomen a estos predios!

Los art铆culos m谩s visitados: