AutorJosé Pino

Escribidor de software y ahora de narrativa, ex editor de un par de revistas digitales de literatura que yacen en el más absoluto olvido.

Tres poetas y un conejo entran a un bar

Los distintos toques de queda que se extendían en la ciudad habían convertido el territorio de La Otra Banda en una suerte de zona de tolerancia donde bares, restaurantes, e incluso moteles, abrían más allá de lo que la legislación permitía. Por eso, era predecible que el lugar de encuentro con Carlito Adriano fuese en los límites de la Plaza Bolívar y la antigua Escuela de Música. Sin embargo...

Miniaturas

En los días que siguieron al segundo asesinato, la ciudad salió de sus goznes y, aunque avanzaba, lo hacía de forma irregular y descoordinada, como si los engranajes que movían el reloj de la catedral siguieran trabajando para dar la hora con los siete minutos de retraso acostumbrados, pero haciéndolo desde puntos distintos del edificio. Así, las zonas ahora controladas por las facciones de...

A mitad del camino de la vida

El encargado de la barra le comentó con estupor a su ayudante que no había visto comer así a alguien desde los desayunos que le servía a Lezama Lima en La Habana. Apenas unos minutos antes, Harold había abandonado el Ritz con dirección desconocida, y al verse de su cuenta, el secretario de Benavides entendió que a partir de ese momento quedaba encargado de vigilar al sospechoso. Como pudo —y sin...

Esa balada que silbamos al amanecer

—No puede pasar, poeta. Milla es territorio Liebfraumilch, y ninguno de los tres se ha registrado como miembro del movimiento o siquiera ha tenido un gesto romántico como abrazar una causa perdida, soñar con terribles monstruos o usar un sombrero eduardiano —dijo el adolescente lampiño, que se había acercado al Fiat Uno de Jobes luego de que una barricada improvisada con baúles y un clavicordio...

El olvidado arte de comer en silencio

El argentino dueño del Rincón del Tango sabía que por cada bolsa de Raquety  picante se aseguraba —dependiendo del tamaño y peso del cliente o de la presentación de la botella— al menos la salida de dos cervezas más. Al tanto de la exactitud de esta regla matemática, cuando Keylamar escuchó que Harold la llamaba desde la mesa, llegó acompañada de una nueva ronda de cerveza Nacional que hacía...

Causa de muerte: Benedetti

«Si visitaste Mérida y no amaneciste en el Rincón del Tango, ¿realmente la conociste?» Con ese kōan, el poeta Jobes terminó de rematar su argumentación. Faltaba un rato todavía para el amanecer y Macu, el beatnik llanero, le acababa de salvar el culo a toda la redacción de El Vigilante, especialmente al área de Jobes, la de sucesos, por lo que no había otra posibilidad que agasajarlo como...

El periodismo no descansa

Sobre la acera frente a la piñatería, estaba mal estacionado un Ford modelo Gran Torino igual al de la serie de televisión Starsky y Hutch, solo que en vez de ser de color rojo, era verde botella y tenía cierto efecto metalizado que hacía que su carrocería se asemejara al caparazón de las lucilia sericata, las moscas que suelen aparecer sobrevolando la materia descompuesta.  Harold vio que...

Un cadáver flotaba en el río Chama

La residencia estudiantil donde vivía Harold, a cuadras de la Plaza el Llano, era una de las pocas que tenía teléfono; por cinco bolívares extras en el pago, Ligia, la viuda y casera de la pensión, te guardaba los recados. Cuando Harold llegó poco antes de la media noche, después de haberse pasado la tarde y parte de la noche con Mayte —una instructora de aerobics a la que le gustaba tanto leer a...

Preguntas retóricas

El comisario Benavides le advirtió a Harold que de tanto andar entre poetas ya estaba hablando como uno. Lamentablemente, la advertencia llegaba tarde, porque para ese entonces, Harold no sólo hablaba como poeta sino que escribía en negro para El Tuerto Dávalos y también había tenido un affaire con una fotógrafa atormentada con tendencias suicidas cuya boca olía siempre a chiclets Adams de canela...

🎪 El armiño y el jaguar

Faustino volvió a aparecer dormido aquella noche cerca de la carpa. Era la tercera o cuarta vez que recorría sonámbulo el camino que había desde su casa hasta los restos que quedaron de la caravana de «los Hermanos Suárez». Hacía varias semanas que el circo se había quedado varado; el mismo tiempo que Faustino había comenzado a «despertar» en sus alrededores.  Ya no quedaban animales —todos...

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Feed de narrativa editada a seis manos (desde San José de Costa Rica, Stuttgart y Caracas), por los caraqueños diasporizados Luis Garmendia y Javier Miranda-Luque, y el caraqueño sin diasporizar (¿por ahora?) Mirco Ferri cuya idea es la de postear textos propios y de autores invitados. ¡Bienvenido cada par de ojos lectores que se asomen a estos predios!

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