🛗¡Ay, amor! Ya no me quieras tanto

 En un edificio de oficinas de treinta pisos han instalado un moderno ascensor que cuenta anuncios de voz, una voz masculina y un tono electrónico que con rigurosidad señala el destino de elevación o descenso dentro de la torre.

Una caja de lujo con vida propia, reloj digital y un termómetro que se ajusta automáticamente dependiendo de la temperatura del entorno, un espejo grande, biselado y muy llamativo lo adorna desde el techo y en todas sus paredes, una verdadera delicia que ha convertido en el delirio de hombres y mujeres, que no pueden resistir la tentación de mirarse al entrar, especialmente el tipo de la oficina A del piso siete.

  Es un hombre alto, de buena figura, siempre está bien peinado y su perfume siempre se queda impregnado en la cabina hasta casi cerca del mediodía, él normalemte llega temprano, odia hacer fila para subir y las aglomeraciones típicas frente al ascensor en ciertas horas; cuando entra al ascensor, si está solo, limpia su nariz de puntos negros, ajusta la corbata y el peinado. Un día en un acto de narcisismo y muy a gusto con su imagen en el espejo besó el reflejo de sus labios despertando una extraña pasión en el ascensor que desde ese día lo ama.

   En el edificio muchos comentan el extraño comportamiento de la caja, así lo llaman desde hace unos días en la torre, dice que pasa mucho tiempo detenido en el piso siete, donde trabaja su enamorado, algunos especulan y creen que son niños que entran a jugar en el edifico y se esconden en las escaleras, pero las cámaras de seguridad no han captado nada.  

    La velocidad de la caja varía según quien suba, cuenta el conserje a todo el que se encuentra, repite que cuando la gorda del tres entra, la caja se dispara como un cohete y en un santiamén llega, pero si el tipo del siete A entra, tarda más de cinco minutos en llegar ¡Se pone lento!” agrega.

En la torre, todos los días a las seis de la tarde, el personal abandona el edificio; el ascensor a partir de este momento asume un comportamiento normal. El hilo musical tiene un tono menos romántico, no parpadean las luces como cuando entra el tipo del siete A, no se pone lento ni rápido, se comporta como un ascensor normal y no como un ascensor enamorado.

   La gorda del tres se subió esta mañana acompañada de una mujer del veinte y una del catorce, todas son amigas de la secretaria que trabaja en la oficina A del siete, la misma oficina que en la que trabaja el tipo. La gorda les comenta que la empresa se muda, el ascensor da un frenazo repentino, la luz parpadea y la mujeres se asustan, un breve silencio seguido de risitas nerviosas  y la caja arranca de nuevo pero no para en el tres, la gorda desbordada sigue hablando de la mudanza de la oficina A del siete, la secretaria le cuenta detalles, y al comentar: “Hoy es el último día”; el ascensor frena de nuevo y abre las puertas, las mujeres se asustan y deciden abandonarlo, ya vacío cierra y rápidamente llega al siete. ¡Ay! amor ya no me quieras tanto, reza el bolero que en el hilo musical suena más fuerte que nunca, las luces parpadean y del aire acondicionado se desprenden gotas que ruedan por el espejo, en los otros pisos un grupo de personas llevan rato esperando por la caja y el marcador digital indica que está pegado en el siete.

    Por fin el tipo sale de la oficina siete A, trae una paquete en las manos, la luz del ascensor se normaliza y el hombre entra, la música cambia es una melodía de amor, ya a punto de cerrar, una mujer interpone su mano entre ambas puertas, la caja forcejea pero el tipo aprieta el botón de abrir y la mujer entra dando un salto, la puerta se cierra bruscamente, ellos se miran a los ojos y deciden esperar confiados, con la mirada se dicen este ascensor está loco, pasan tres minutos y ella decide tocar la alarma, extrañamente no suena, la luz titila de nuevo y él pone el paquete en el piso, con una nueva mirada se dicen hay que esperar, de repente la música deja de oírse.

Ella al ver el contenido del paquete, le pregunta el motivo de la mudanza, él le cuenta que la empresa ha decido cambiar de ciudad y la buena suerte de poder mudarse ella, las luces prenden y apagan a una velocidad inusual, ellos se están asustando, de pronto el goteo del aire es mayor, lo sienten sobre sus cabezas, se les está mojando la ropa, gritar no sirve de nada, los botones se marcan todos y se inicia el movimiento, las personas aglomeradas en los pisos como todas las tardes, ven cómo van cambiando los números en el contador digital hasta llegar al piso treinta, un ruido extraño se escucha en todo el edificio, la caja se vuelto loca, las caras de angustia se trasforman en caras de desesperación cuando el ascensor frena de golpe, el ruido aumenta y la caja se desprende al vacío, gritos de terror se  escuchan en todos los piso de la torre.

Agregar un comentario

Síguenos en:


Feed de narrativa editada a seis manos (desde San José de Costa Rica, Stuttgart y Caracas), por los caraqueños diasporizados Luis Garmendia y Javier Miranda-Luque, y el caraqueño sin diasporizar (¿por ahora?) Mirco Ferri cuya idea es la de postear textos propios y de autores invitados. ¡Bienvenido cada par de ojos lectores que se asomen a estos predios!

Los artículos más visitados: