🖍️ SOBRE EL VERBO DIBUJAR

Si alguien, usted, se detuviera frente a una ciudad y se preguntara en qué línea comienza el mundo, ¿cuál cree que sería su respuesta? Concéntrese. Fíjese bien. ¿Cree que el mundo comienza en la línea del horizonte? ¿En la oreja de su taza de café? ¿En la Muralla China? ¿En un vértice de la pirámide de Teotihuacán? ¿En la cola de una ballena? ¿Dónde, dónde comienza? Ernesto Cardenal hubiera dicho sin pensarlo dos veces que la línea donde empieza el mundo es nada menos que en la cintura de Marilyn Monroe. Si Ernesto Cardenal tuviera razón, pongamos por caso, entonces pudiéramos decir que de la cintura de Marilyn Monroe se llega a la línea del horizonte y del horizonte hacia la oreja de la taza de café, y de la oreja de la taza de café a la Muralla China, y de la Muralla China hacia la cola de la ballena, y de la cola de la ballena hacia Teotihuacán, y de Teotihuacán hacia el Puente de Maracaibo, y del Puente de Maracaibo sube por la torre Eiffel y de la torre Eiffel baja hacia la tumba de Émely Zola, y de la tumba de Émely Zolá hacia una alcantarilla en Leningrado, y de esa alcantarilla hacia el perfil de Rulfo, y del perfil de Rulfo hacia las pestañas de un Yukpa, y de las pestañas de un Yukpa a las hojas de una cayena, y de ahí hacia los rieles de un ferrocarril que se dirige a Bauhause, justo donde se baja un hombre cuya línea del sombrero cae a la calle, sube por la Ebertallee, atraviesa la puerta, se desliza por el pasamanos de la escalera, sube a la mano de Paul Klee, le hace cosquillas y sigue por el carboncillo que en ese instante bosqueja Insula Dulcamara. Paul Klee sonríe. Absorto, sigue el curso de aquella línea que ahora baja por la ventana, dibuja una jaula donde vive un canario con aspecto de conserje, sigue bajando a la calle, aprovecha y dibuja una bicicleta con un niño blanco, salta al suelo, sube por las piernas de un árabe y deja en su rostro un pintoresco bigotito negro.

―Dibujar es sacar una línea a pasear ―murmura Paul Klee y nadie, ni siquiera los nazis que lo sacarían a patadas de su casa en Dessau, lo iban a convencer de lo contrario.

Eso dijo Paul. Sin embargo hay quienes opinan distinto. En Caracas, un hombre llamado Carlos dirá que dibujar también es espelucar a un gato (pero todos sabemos que después de dibujarlos, persigue a los gatos con el secador de pelo de su novia). Para John Berger dibujar es descubrir, y Balthus dibujaba con los ojos cuando no podía dibujar con un lápiz.

En Argentina, Quino dibuja para guiar al mundo por el lado de los buenos. Esto es el lado de los Beatles. Sobre todo el de John Lennon, imagine all the people living life in peace, lalalá-lalalá. Para Gustav Doré, dibujar significó revelar los huesos de los clásicos, desde temprana edad el niño prodigio comenzó a hacer fortuna con xilografías basadas en la literatura de Dante, Rabelais, Balzac y hasta Edgar Allan Poe, cosa que pagó caro; dicen que Doré murió dibujando escenas de El cuervo.   

Picasso decía que para dibujar sólo hace falta cerrar los ojos y cantar. Y será mucha verdad, porque cuando uno cierra los ojos y canta, las orillas de uno mismo desaparecen y queda de nosotros un gran lienzo negro, infinito, virgen. Como una gran noche. De cualquier forma, todas las noches son de Van Gogh. Lo que nos conduce a un extraordinario silogismo: si todas las noches son de Van Gogh, todos somos de Van Gogh cuando cerramos los ojos. ¡Él dibujaba estrellas cuando tenía necesidad de religión! 

Liniers empezó a dibujar porque amaba a los pingüinos y porque cree que dibujar es su manera de expresar la ternura que le inspira el mundo. Sus dibujos son de una alegría triste. Tal vez entendió que cualquiera “puede llorar de risa, pero nadie puede reír de tristeza”. Maitena confirma este binomio y dice que dibuja porque la hace reír todo aquello que la hace llorar. Excepto, claro, si la obligan a dibujar bobadas con motivos escolares, por ejemplo: dibujar a Colón llegando a Puerto de Palos en una columna por tres centímetros de alto.

Rubén Martínez, que no es dibujante pero es experto en caminar con los dedos de las manos sobre las superficies planas de las cosas, asegura que un círculo es un cuadrado que quiso viajar, y que una bicicleta es un círculo persiguiendo a otro círculo. Así que, verá usted, opiniones hay muchas. ¿Quién tiene la verdad? La verdad se adapta a la calidad de los ojos y la montura del corazón. Razón tuvo Matisse cuando dijo que el artista sólo ve verdades antiguas con una nueva luz, porque no hay nuevas verdades. No importa, siempre hay quien les caiga a balazos. Lo hizo Toulouse-Lautrec cuando agarró a tiros a las arañas de su casa, no sin antes gritar, antes de morir:

―¡Por fin! ¡Ya no sé dibujar!

Bueno, la vida es lo que es, dijera Gauguin: uno sueña con vengarse.

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Feed de narrativa editada a seis manos (desde San José de Costa Rica, Stuttgart y Caracas), por los caraqueños diasporizados Luis Garmendia y Javier Miranda-Luque, y el caraqueño sin diasporizar (¿por ahora?) Mirco Ferri cuya idea es la de postear textos propios y de autores invitados. ¡Bienvenido cada par de ojos lectores que se asomen a estos predios!

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